Cada mañana una sorpresa. Escuchas la radio, lees la prensa, observas la tv (y esta te observa a tí, don't forget it.) Nada muy distinto de lo que se dice en el tajo, en la calle, esperando el bus... pegas la oreja a cualquier conversación insustancial esperando algo diferente. En el 90% de los casos todo suena a consigna. ¿Es que hay otra cosa? En esta pecera come más el que más abre la boca. Carrera de relevos en forma de rumores. Desertamos de la responsabilidad subjetiva de NO propalar aquello que se dice en nuestra contra. ¿Cuántos niños han desaparecido? ¿cuántas mujeres han sido asesinadas? ¿cuántos atracos se han cometido? Conteo diario en figura de partes de guerra, sin más análisis, sin más explicación: te quieren convencer de que el Mal existe y con la derecha te enseñan que existe el Bien. No alimentes la necesidad de las pistolas y quizás no te encuentres un día con alguna bala en el cuerpo; no alimentes la necesidad de cámaras de vigilancia en las calles (lo permites, pero denunciarías a cualquiera que abriese tu correo electrónico); no alimentes con TU MIEDO las ansias de poder del poder. El poder no se tiene, se ejerce: es como la energía eléctrica: sólo sabes que existe cuando conectas la estufa por la noche, mientras tanto queda ahí, tras la toma de 16 amperios. NO METAS LOS DEDOS EN EL ENCHUFE.
Mientras tanto, la guerra en casa. Los problemas, de puertas para adentro. No llegaremos a fin de mes, pero nos queda el consuelo de saber que otros están peor. ¿Y qué se le va a hacer? el salario no lo llevan a casa. No. A casa sólo viene el chico de los recados a cobrar la factura. Si dicen que algo es gratis, empeñarás tu alma para conseguirlo. Mientras tanto, ganamos batallas en la red y permitimos que nos echen de las calles. Los señores digitales tienen a bien otorgarnos la posibilidad de encochinarnos en casa, víctimas del Instinto Ikea (nadie como los nórdicos para armar cargas de profundidad: las primeras medidas eugenésicas racistas se tomaron en Suecia en los años veinte.)
¿Jugamos a ver el mundo al revés? Imagina que los payasos te dan miedo y que las flores apestan. Comienzan cuando eres joven, muy joven. Te convencen de que el oso Yogui se limita a comerse las cestas de los turistas de Yellowstone, que Elmer nunca le acierta una perdigonada a Bugs-Bunny, que en el desierto de Arizona sólo hay un Coyote y un Correcaminos... El corolario de todo es una sociedad adolescente, en precario a perpetuidad. ¿Qué tiene que ver? Sencillo: hay gente que no nace con un pan debajo del brazo, algunos trajimos una navaja en los dientes aunque no hubiera nada comestible que cortar en casa. Lo único que no podía faltar era la tele y el chantaje emocional. Los Izquierdo de Puerto Hurraco abandonaron a la abuela entre las llamas, salvaron la tele y la nevera y luego se cargaron a medio pueblo como venganza. El último objeto en un mundo de objetos de usar y tirar. Es el ego subcontratado, externalizado, outsourcing. Si Levi-Strauss levantara la cabeza (¿se ha muerto?) diría que hemos vuelto al animismo más ancestral. Animalitos de compañía, objetos de compañía, personas de compañía que son extensiones de nuestro desbordante "yo". Y por supuesto, todo envuelto en un hálito de inocencia. Es algo que los chinos no se pueden permitir.
lunes, 21 de enero de 2008
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